Muchas personas padecen reacciones alérgicas al polen de la ambrosía. En Europa, la alergia a la ambrosía está aumentando con rapidez a medida que se extienden las plantas, incluyendo las zonas urbanas. La ambrosía es especialmente problemática para los alérgicos, porque una planta de ambrosía puede producir muchos millones de granos de polen en cada temporada. La alergia a la ambrosía es por tanto difícil de evitar.
Existen varias especies de ambrosía, pero solo dos tienden a ser responsables de la alergia a la ambrosía: Ambrosia artemisiifolia, llamada ambrosía corta o común, y Ambrosia trifida, llamada ambrosía gigante. Sus alturas máximas suelen ser de 1,2 y 4,5 m respectivamente.
La ambrosía pertenece a la familia de las Compuestas. Es de color amarillo y tiene tendencia a prosperar en suelos en los que otras plantas tienen dificultades. La ambrosía tiene una distribución amplia en Norteamérica, pero se ha extendido a Europa y Asia en los últimos años. Se cree que Hungría tiene actualmente una de las concentraciones más elevadas de ambrosía del mundo.
Existe la opinión de que la ambrosía se ha extendido porque sus semillas se utilizan frecuentemente como alimento para aves y por tanto se dispersa con las emigraciones y traslados de las aves. Un estudio del gobierno estadounidense sugiere que el calentamiento global puede tener un impacto en los niveles de producción de polen de la ambrosía, porque la planta responde bien a niveles elevados de dióxido de carbono.
El único respiro que pueden experimentar los alérgicos durante la temporada de polinización es cuando la humedad aumenta por encima del 70% porque el polen tiende a agruparse y se vuelve demasiado pesado para ser transportado por el aire.
